lunes, 10 de diciembre de 2007

RESISTENCIA HERMANOS

Vivimos en el planeta una etapa de terrorismo. Pero no es el terrorismo que se muestra en las películas de Rambo, donde los villanos usan turbantes.
Es el terrorismo que se impone a través del miedo, del conformismo, y podríamos también decir con certeza del hipnotismo.
En Bolivia la derecha se hace violenta al ver que una mayoría del pueblo boliviano se une y levanta su voz frente a la opresión de nuestros pueblos. Se torna violenta. Empezaron escupiendo e insultando a los asambleístas indígenas, y hoy apalean, saquean, incendian.
Es la reacción de una oposición que a falta de argumentos para discutir, y al no poder tapar el Solazo con un meñique, reacciona violentamente y muestra las fauces.
Una parte de la población, de los departamentos más ricos y “desarrollados”, se siente afectada. La nueva constitución dice que no se pueden poseer más de 5.000 o 10.000 hectáreas, cifra que será definida por la población en un referéndum. Pero para ellos miles de hectáreas no son suficientes, necesitan más dinero, talar más árboles, sembrar más, exportar más, gastar más, más moda, más vacaciones en Miami, más glamoure, más , más .
El problema es que en Bolivia, la mayoría no puede acceder a ese mundo que ofrece la televisión. Y lo que hace es soñar que algún día puede conseguir el sueño del primer mundo. Lo globalizado, los mismos sueños, los mismos deseos, las mismas necesidades, las mismas pesadillas.
La televisión ha cuadriculado la mente de las personas, las ha programado. Solo hace falta abstraerse un poco de la “realidad” y analizar los programas, las noticias, el entretenimiento que fabrican las grandes cadenas televisivas.
Están convirtiendo al ser humano en una máquina de consumo, inerte, acrítica, conformista, superficial, idiota.
La gente parece no reaccionar cuando en nuestra plaza principal se agreden nuestros derechos cuando la Coca Cola envuelve con plásticos nuestros árboles y llena de foquitos y una músiquita envervante la tranquilidad de nuestra plaza. A la gente ya le parece normal, que nos impongan este sello imperialista, parece no importarle, tienen la mente colonizada.
Pero no todos. En el continente se levantan voces revolucionarias, se escuchan los ecos de los abuelos, los gritos de rebeldía ante un sistema que pretende transformar la vida en mercado. Los pueblos despiertan, la Madre Tierra esta con nosotros. Por la vida.

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